Percibirte y juzgarte constantemente como defectuoso, como si “necesitara ser arreglado”... es uno de los enfoques en espiral descendente más comunes que he visto cuando se trata del autocuidado.
Cuidarte no se trata de juzgarte por no ser suficiente, por no saber lo suficiente y por no hacer lo suficiente. Cuando estamos en un juicio constante... drenamos nuestra energía y nuestra vibración.
Cuidarte es más bien un acto de amabilidad... de ser gentil contigo mismo mientras te nutres y creces como persona.
El autocuidado no se trata de demostrar tu ritmo a nadie a tu alrededor. No se trata de desquitarte con alguien demostrando tu valor.
El autocuidado no es una solución rápida... ni es un camino veloz para sentirte mejor que alguien. Y definitivamente no es un camino para conquistar tu valor.
¿Sabes por qué?
Porque nacemos con valor propio. Y eso va más allá y por encima de la idea de autoestima con la que nuestra mente egoica nos mantiene ocupados, haciéndonos cuestionar nuestro valor todo el tiempo. (La ilusión de la insuficiencia)
El autocuidado es profundo.
Es... delicado + elegante, dulce + salado, sabio + divertido, ser vulnerable + fuerte. Se trata de ir a tu ritmo... honrando la etapa y la temporada de vida en la que estás.Se trata realmente de tener esta profunda intimidad contigo mismo como un todo... y eso incluye todas tus imperfecciones.